Desafíos de una líder millenial

Las mujeres millennials nos enfrentamos a un montón de desafíos que tienen que ver con nuestro contexto y con estereotipos de género que aún se siguen perpetuando. Te invito a leer esta nota para conocer una reflexión personal sobre este tema.

Desafíos de una líder millenial

Soy mujer, millenial y lidero un equipo de más de 10 personas.

En el último tiempo me sentí bastante aturdida y perdida en el ejercicio de mi rol. Empecé a cuestionarme, a replantearme si realmente lo que estaba haciendo me gustaba, a preguntarme por qué había tantas cosas en el ejercicio diario de mi laburo que se me hacían tan pesadas, a enojarme por sentirme poco motivada.

En búsqueda de respuestas a esta situación que me angustiaba bastante comencé a investigar y a entenderme un poco más en mi contexto.

Soy una mujer de 32 años Argentina.

Analizar mi situación desde ese lugar me pareció clave para lograr comprender un montón de miedos, inseguridades y desafíos a los que me enfrento diariamente como líder y como trabajadora.

A pesar de los avances en la igualdad, los estereotipos de género aún persisten en el entorno laboral e impactan directamente en cómo las mujeres nos percibimos y desempeñamos laboralmente. Si a eso le sumamos las expectativas y aspiraciones propias de nuestra generación en el contexto social y económico argentino, el combo es mortal.

Aspiraciones de una millenial

Según un estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México las mujeres millenials tenemos aspiraciones laborales que son propias de nuestra generación.

Actualmente, las mujeres de esta generación ocupamos más puestos de liderazgo que en décadas anteriores ya que una de nuestras mayores aspiraciones tiene que ver con el desarrollo profesional y con la promoción de un liderazgo inclusivo. Buscamos puestos en dónde podamos influir en la cultura organizacional y promover prácticas inclusivas y equitativas. Incluso muchas desean ser modelos a seguir para otras mujeres en su campo.

Al mismo tiempo, buscamos un equilibrio entre nuestra vida laboral y personal y le damos muchísima importancia a la estabilidad económica.

Al leer estas características me sentí 100 % identificada, el problema está en que el contexto económico social del país y del mundo hacen que, en muchas ocasiones, esas aspiraciones entren en corto circuito y ahí es en dónde están nuestros mayores desafíos.

¿Cuáles son esos desafíos?

En primer lugar, la falta de modelos a seguir en puestos de alta dirección hace que las líderes millenials no sepamos cómo actuar frente a muchísimas circunstancias y eso nos genera inseguridad.

Somos una generación que está haciendo camino al andar.

Los estereotipos de género, a pesar de los avances, siguen estando presentes.

Se piensa a las mujeres cómo más emocionales, con habilidades para la comunicación y el cuidado y se asume que los hombres tienen mejores cualidades para ocupar roles de liderazgo.

Al mismo tiempo, está comprobado que existen diferentes estándares de evaluación. Las mujeres son evaluadas con criterios muchos más estrictos que los hombres y las contribuciones de las mujeres a menudo son pasadas por alto o no se les da el mismo reconocimiento que a sus colegas masculinos.

Ni hablar de la brecha salarial. Según un estudio de la Universidad Nacional de Cuyo las mujeres perciben en promedio un 27% menos de salario que los varones por el mismo puesto y responsabilidad.

Estas desigualdades, hacen que en muchas situaciones nos encontremos esforzándonos de más para mostrar lo que vale nuestro trabajo, con baja autoestima, con ansiedad y bastante agotadas.

La salida es colectiva

Frente a este panorama, estoy cada vez más convencida de que la salida es colectiva.

Las mujeres líderes necesitamos redes de apoyo. Encontrarnos y poner en común nuestros desafíos.

Escribir, visibilizar, validar lo que nos pasa.

Esta nota es eso, un intento por poner en común una situación que me atraviesa como trabajadora argentina en un contexto socioeconómico complejo y que estoy segura que atraviesa a muchas más.

Es lógico sentirnos desconectadas, desmotivadas, perdidas cuando hay tanto por hacer. Pero soy una convencida de que la única forma de transformar esta realidad es seguir trabajando interponiéndonos a estos desafíos y los que vendrán.

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