Vivimos en una cultura que todo lo cuantifica. Cuántos más pendientes tachemos de la lista, más valemos y a veces esa mentalidad resultadista nos juega muy en contra. En lo personal, durante mucho tiempo cuando tenía esas semanas difíciles me castigaba muchísimo, me empujaba a seguir trabajando llegando a puntos muy poco sanos y mi autoestima se iba por el piso.
Con el tiempo, aprendí a gestionar mejor estas circunstancias y en la nota de hoy quiero contarte algunas de las cosas que me ayudan a no perder la confianza en mi misma y a entender que no puedo ser “productiva” todo el tiempo y eso no me hace peor profesional.
1. Tu valor no se mide en pendientes tachados
Primero, lo importante: no sos tu lista de pendientes. Puede ser fácil caer en la idea de que nuestro valor depende de cuánto hacemos o logramos. A todxs nos da esa linda sesación de “objetivo cumplido” cuando tachamos una tarea de nuestra checklist. Pero la verdad es que, muchas veces, nos ponemos demasiado rigidxs con la planificación y no dejamos espacio para posibles imprevistos o simplemente para días en los que tenemos menos energía. Tu esencia, tus cualidades, y todo lo que haces por vos y por los demás, vale muchísimo más que cualquier tarea en la lista. Si una semana baja en productividad empieza a hacerte dudar de vos, recordá que son solo tareas y que tarde o temprano, vas a poder llevarlas a cabo.
2. Celebrá los pequeños logros
A veces, lo que hace que una semana se sienta improductiva es que ponemos la vara muy alta. Sí, es genial aspirar a lo grande, pero a veces también está bien avanzar de a poquito. ¿Lograste sacar una tarea que te costaba mucho? ¿O simplemente dedicaste un ratito a organizarte? Celebrá esos pasos, aunque parezcan pequeños. Al final del día, cada pequeño logro cuenta y suma, y reconocerlo puede darte el empujón que necesitás.
3. Las semanas lentas también son parte del viaje
La vida tiene ciclos, y no siempre podemos estar a tope. Las semanas más tranquilas son simplemente parte del proceso. A veces necesitamos desacelerar, replantearnos cosas o descansar. En lugar de juzgar estos momentos, intentá verlos como una oportunidad para recargar pilas. Nadie mejor que vos va a saber cuándo necesitás frenar y cuándo necesitás empujarte un poquito más para lograr eso que te habías propuesto y te está costando, pero algo es clave: el descanso siempre es necesario. No lo pases por alto porque la bateria se nos agota a todxs.
4. Sé amable con vos mismx
Es fácil caer en la autocrítica, especialmente cuando sentimos que no logramos lo que queríamos o los objetivos que nos habíamos planteado. Darnos con un látigo no soluciona nada. En lugar de machacarte, hablate con amabilidad. A mi esto es una de las cosas que más me cuestan. Una vez mi psicologa me dijo ¿Vos le dirías a un amiga lo que te estás diciendo a vos? Y mi respuesta fue claramente que no. Solemos ser mucho más compasivxs con los demás que con nosotras mismas. Cuando empieces a decirte cosas feas porque algo no salió como esperabas, frená un poco y repensá. Ser paciente con vos mismx es algo que se entrena. Te puede servir escribir para poder ponerte en contexto y no sobredimensionar.
5. Ajusta tus objetivos para el resto de la semana
Si la semana empezó medio floja, no tenés que tratar de “compensar” haciendo todo de golpe. Es clave que puedas ser flexible y reorganizar prioridades. Elegí una o dos cosas que realmente te gustaría hacer o no podés posponer y concéntrate en ellas. A veces, bajar las expectativas y enfocarse en una cosa a la vez es lo que nos ayuda a seguir avanzando sin abrumarnos. Es mejor cerrar la semana habiendo logrado algo concreto. Al final, lo que importa es cómo te tratas en esos momentos y el espacio que te das para mejorar. Las semanas lentas no son obstáculos; son paradas necesarias para reajustar y avanzar más fuerte.